"Amar lo hecho a mano" Edición España

"Amar lo hecho a mano" Edición España

Diciembre 01 de 2025
11:45 p. m., Aeropuerto de Cartagena

Estoy sentada en el aeropuerto, esperando un vuelo que significa muchísimo para mí. Una visita muy esperada a mi familia, para pasar con ellos las fiestas de fin de año. Ya son cinco años sin celebrar juntos: la Navidad, el compartir, los obsequios, la cena, los abrazos, los buenos deseos cuando suenan los pitos a las 12 del 31 de diciembre.

Son tantas las cosas que me dan nostalgia al no poder vivir estas fechas con las personas que amo. Hoy siento el corazón en dos lugares.

El vuelo se retrasó y debo esperar dos o tres horas más aquí. Tengo mucho sueño, pero si me duermo ahora estaré despierta todo el vuelo, y mi intención es dormir la mayor parte del viaje.

Encontré esta aplicación para escribir y creo que dedicaré estas horas a soltar todo lo que pienso… o incluso inventarme alguna historia.

Mientras escucho Corcovado (Quiet Nights of Quiet Stars), una canción suave con un toque de portugués e inglés, intento relajar mi mente frente al estrés de la falta de sueño. Pero hay una máquina haciendo ruido de fondo, un sonido insistente que parece encontrar cada uno de mis puntos débiles. Estoy a punto de quejarme: nos tienen aquí sentados esperando un vuelo que ya debió estar abordando, con un ruido de fondo desesperante.

Entiendo que las personas están trabajando, pero no tiene mucho sentido que lo hagan a estas horas cuando hay pasajeros agotados esperando más de lo previsto. ¿Por qué uno siempre debe entender? ¿Por qué siempre hay que ser paciente ante situaciones que se sienten injustas? No lo sé.

Aun así, sigo aquí, escribiendo, soltando un poco mi ansiedad y mis ganas de dormir en una cama de verdad.

Se siente increíble volver a tener algo como “Word”, un lugar donde escribir sin necesidad de internet. Intenté describir a las personas a mi alrededor, pero pasaron cosas y dejé de escribir.

Casi no viajo. Además del retraso, cuando al fin llegó la hora de abordar —a las 3:00 a. m.— ocurrió una falla en el avión y nos regresaron a la sala de espera. fue un momento de angustia e incertidumbre, pero finalmente todo se solucionó y pude viajar sana y salva.


Una de las razones por las que visito España es mi familia. Compartir con ellos.
La otra —muy importante— es mostrar y contar la historia de mi arte: enseñar el valor de lo hecho a mano, la importancia de crear con atención plena.

Decidí hacer un evento en este país, con muchas expectativas y un propósito especial: transmitir lo que significa “Amar lo hecho a mano”. Visualicé este evento durante mucho tiempo, y el 10 de diciembre finalmente se vivió un momento hermoso, lleno de familia, amigos de mi familia y un lugar que nos acogió con mucho amor.

Hablé sobre la marca, sobre cómo el arte ha influido en mí, sobre creer en mí misma, confiar en los procesos y reconocer a las personas que se vuelven soporte. Llevé diferentes piezas para que pudieran conocer un poco de mi trabajo… y también para que quienes quisieran pudieran llevarse algo hecho por mis manos.

Fue una experiencia hermosa. Estoy muy agradecida.
Aunque todo salió bien, hay algo en mí que siempre quiere más. Y a pesar de haberme sentido segura, confiada y animada, al día siguiente mi voz saboteadora apareció:

“No vendiste todo porque tu arte no es lo suficientemente bueno.”

Sigo peleando con esa vocecita que quiere desmotivarme, que intenta hacerme creer que no soy suficiente.

Pero hoy decido cambiar esa frase por otra:

“Con mis piezas logro transmitir lo que quiero demostrarme a mí misma: amor, disfrute por los procesos y el valor de lo que cuentan mis manos.”

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